
En toda obra literaria debe haber un conflicto. Antes de comenzar un cuento, una novela, un texto teatral el escritor debe tener claro cuál va a ser su conflicto principal. ¿Por qué? Porque sin conflicto la obra carecería de emoción.
Usted podría escribir, por ejemplo, una historia acerca de una madre que recibe un mensaje de su hijo que, por descuido, no cargaba sus documentos de identidad y ha sido apresado en el pueblo vecino porque lo han confundido con un delincuente peligroso y es necesario que ella vaya y explique quién es él. En su historia usted narra que la señora toma su cartera y mete en ella varios billetes de banco, prende su carro y corre adonde se encuentra su hijo. Usted describe el paisaje hermoso a esa hora de la tarde, la avenida que cruza, los semáforos que parecieran haberse puesto de acuerdo para estar todos en verde. La señora llega en el justo momento en que al joven se lo llevaban para la capital. Ella aclara la situación y ambos regresan a su casa contentos, felices.
Esa podría ser una historia bien bonita, pero no es un cuento.
¿Qué vamos a entender por conflicto?
El choque entre un personaje que desea realizar una acción y otro, una fuerza, que se le opone.
¿Qué elementos conforman el conflicto?
Un deseo + una razón + una circunstancia dada.
Esto es:
Una motivación física. Un deseo, una necesidad: yo necesito…
Una motivación moral. Una razón: porque si no…
Una circunstancia. Elementos imprevistos que conspiran: pero…
Vemos, pues, que hay un protagonista (va en favor de la acción), un antagonista (va en contra), un deseo, una necesidad.
¿Cuántos tipos de conflictos literarios hay?
Son varias las clasificaciones que podemos encontrar expresadas por diferentes autores; pero en términos generales pudiéramos decir que son cuatro:
- Contra las fuerzas ciegas: Los dioses, la naturaleza, el destino… El protagonista termina siendo incapaz de luchar contra estas fuerzas y vencerlas, por lo cual siempre resulta perdedor.
- Contra sí mismo: Contra lo que no comprende de su propia naturaleza, de su universo interno… El protagonista lucha por imponerse a sí mismo, pero al final termina derrotado.
- Contra la sociedad: El protagonista siempre ha estado enfrentado a la sociedad; pero siendo por naturaleza un ser gregario, no pudiendo vivir aislado, se reintegra a ella, lucha y resulta triunfador.
- Contra la familia: Contra el amigo, el cónyuge, el compañero… El protagonista lucha casi irracionalmente contra su propio entorno y sus intereses, al final es probable que todos pierdan.
¿Cómo generamos el conflicto?
Muy sencillo: enredando las cosas.
Dijimos que en la siguiente historia no hay conflicto; pero pudiera haberlo. Veamos:
La madre recibe un mensaje de su hijo que por descuido no cargaba sus documentos de identidad y ha sido apresado en el pueblo vecino porque lo han confundido con un delincuente peligroso y es necesario que ella vaya y explique quién es él.
Pues bien, digamos que la señora se angustia porque ese es su único hijo, vive con ella y, además, es enfermizo y requiere medicamentos a diario. Así que sale presurosa y monta en su carro, pero observa que no tiene gasolina. Revisa la cartera y no tiene dinero. No importa saldrá a la calle y de alguna manera llegará donde la espera su hijo…
Hasta aquí, esta travesura nos permite ir generando un conflicto.
Yo necesito… llegar donde está mi hijo…
porque o si no… se lo llevarán a un calabozo donde morirá por falta de medicamentos y si muere él, muero yo también.
pero… el condenado carro no tiene gasolina…
Siga el participante enredando el asunto y ya veremos.
No olvidar que hay otros tipos de circunstancias, por ejemplo, que está lloviendo y la señora está enferma de gripe y tiene alta temperatura… qué se yo.
Mientras más difícil sea alcanzar el objetivo, y la razón de cumplirlo sea mayor, así será de grande el conflicto.
Observemos que el conflicto no es más que un trance de emociones y que en el desarrollo de la historia van apareciendo «pequeños» conflictos que nos conducirán al conflicto mayor, cuyo desenlace será el final de la historia.
Veamos este caso:
Un ladrón que ha entrado a una tienda es descubierto por un guardia. Nos topamos con una motivación de orden físico y otra de orden moral: Yo necesito matar a ese hombre que me vio robar. Es una motivación física. En esta primera parte de la acción dramática hay un deseo, una necesidad: yo necesito…
El conflicto no comenzaría a tomar pie si el personaje hubiese robado sin dificultad, sin que nadie lo viera. Pero hay alguien dentro de la fábula que lo ha visto en la acción delictiva. Es este alguien quien agrega un eslabón importante a la cadena dramática. Este alguien es quien crea la circunstancia. Se presenta entonces, una razón para que el ladrón lo asesine. Es lo que se llama la motivación moral.
El ladrón, en nuestra historia, podría ser un hombre de alta concepción moral que ha caído en ese estado por una imperiosa y sorpresiva necesidad (conflicto anterior que se agudiza con este nuevo).
Puede ser que haya sido un hombre honorable que de la noche a la mañana se convierte en delincuente. Siente el deseo de asesinar para no ser descubierto. Es en ese estado de cosas cuando lo ataca una razón moral y entonces el drama llega a este punto en el pensamiento del personaje: Yo necesito matar a ese hombre que me vio robar… porque si no, lo dirá a la policía, iré preso, perderé toda mi reputación, creerán que toda mi vida he delinquido, que nunca fui honesto, terminaré siendo despreciado por todos, incluso de mis familiares y amigos…
Hasta aquí ha habido una suma del deseo más la razón, y sólo faltaría dar un paso para que se desencadene el conflicto. Porque tal como están las cosas, si el personaje fuese un delincuente profesional no habría ningún tipo de problemas morales. Lo asesinaría y las cosas continuarían su curso en el drama. Pero el personaje resulta que no es un asesino, sino un hombre decente y es este «pero», precisamente, el pincelazo que va a dar el último toque a la trama, creando el conflicto mismo.
Tenemos entonces que la situación ahora quedaría de esta manera: pero me convertiría en un asesino y mi conciencia no me dejaría en paz. Mis principios morales me impiden matar. Soy cristiano.
A este punto ya tenemos completo el conflicto. En el personaje queda este trozo de fábula:
(Deseo) Yo necesito matar a ese hombre que me vio robar.
(Razón) Porque o si no, lo dirá a la policía, iré preso, perderé toda mi reputación, creerán que toda mi vida he delinquido, que nunca fui honesto, terminaré despreciado por todos incluso mis familiares y amigos.
(Circunstancia) Pero, me convertiría en un asesino y mi conciencia no me dejaría en paz. Mis principios morales me impiden matar. Soy cristiano.

