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El amor y la muerte en “Los negros pájaros del adiós”

 

Con el presente ensayo se intenta dar una visión sucinta del tema del amor y la muerte expuesto por el escritor sinaloense Jesús Óscar Cabanillas Flores, mejor conocido en el ámbito teatral como Óscar Liera, nacido en 1946 y fallecido en 1990.

Para el análisis se utilizará su obra Los negros pájaros del adiós, representada en 1986, en la cual maneja de manera recurrente el tema de la muerte. Se trata de una obra distinta a su más difundida, El camino rojo a Sabaida, aparecida en el año 1987, en la cual ciertamente se basa sobre personajes muertos, pero se observa que su leitmotiv no es la muerte como tal, sino la denuncia política sobre un hecho real, tan entendida así por los gestores del poder, que, consecuentemente, lo condujo a la cárcel. Es decir, que aunque la muerte aparece en ambas obras, el manejo temático es diferente en cuanto a su propósito y desarrollo.

El tema

El tema de la muerte siempre ha fascinado al hombre en general y al artista en particular. Entre las comunidades primitivas se concebía sencillamente como una voluntad suprema, es decir, un hecho que, ajeno a todo, correspondía a la voluntad de los dioses y los espíritus, y esto fue así por mucho tiempo, hasta el momento cuando la ciencia humana, los biólogos y fisiólogos, nos mostraron la muerte como un proceso natural en la vida de los individuos. A partir de entonces ha dejado de ser tabú y vemos cómo en torno a ella se han escrito múltiples historias, leyendas, mitos, cuentos, teatro, amén de las obras concebidas a través de las otras disciplinas artísticas.

La muerte, la cual tiene una endemoniada puntualidad, es lo encontrado a lo largo de la obra objeto de esta revisión; la muerte que ya anuncia su venida, como en el caso del romance El enamorado y la muerte, tan difundido y tan cantado en diversos ámbitos. Pero a diferencia del personaje central del romance, el enamorado, que implora a la muerte: ―!Ay, Muerte tan rigurosa, /déjame vivir un día!”,― sin lograr obtener la gracia que pide, en la obra que nos ocupa no es la fuerza ciega de la muerte la que se impone, sino la voluntad de los personajes.

Liera escarba cuidadosamente en la tradición literaria mexicana donde la muerte ocupa un lugar preponderante, desde las mismas raíces hispánicas hasta los días recientes y de esta manera, consecuencialmente, suma su obra teatral a la extensa obra poética, cuentística y novelística donde este tema sirve de marco para recrearla en sus diferentes visiones, desde lo ritual, lo angustioso, lo balsámico, hasta lo fantástico y festivo. No es solamente la influencia de narradores prestigiosos, como por ejemplo, Carlos Fuentes en: La muerte de Artemio Cruz, sino más directamente de los maestros del teatro mexicano Jorge Ibargüengoitia, con su obra Dos crímenes; y La caja vacía, del propio maestro de Liera, Emilio Carballido. Todo ello, claro está, sin tomar en cuenta la extensa obra poética que desde Sor Juana, Entre la muerte y la vejez; pasando por Manuel Acuña, hasta José Gorostiza, Javier Villaurrutia, Alí Chumacero, que a lo largo de una poesía exquisita dan testimonio de lo fructífero del tema.

Se insiste, entonces, en que el tema trascendente de la obra sujeta a este análisis donde se recrea un cúmulo de situaciones se basa fundamentalmente en la muerte de los amantes. En este caso, la muerte entendida como una liberación.

La obra

Sinopsis: Pudiéramos contar la obra en tres líneas:

  1. Presentación: Una pareja de amantes, él, un joven estudiante, mexicano, de aproximadamente veinte años; ella, una profesora adulta, francesa, que dobla en edad. Se conocen en un parque y se van a vivir juntos.
  2. Nudo: Una brecha generacional entre ellos les impide comprenderse y en consecuencia llevar una vida armoniosa como pareja; él la consideraba a ella como la madre regañona y ella a él como el niño desobediente y malcriado.
  3. Desenlace: Ella lo mata a él y luego una amiga del joven la mata a ella.

Los personajes: En Los negros pájaros del adiós, nos encontramos con cuatro personajes perfectamente delineados en su perfil psicológico y antropológico:

Gilberto: Un joven que si acaso alcanza los veinte años de edad, lleno de defectos y virtudes, de fragilidad y padecimientos. Un joven como tantos, ¿o tantísimos? que aún no vislumbran una senda clara en el derrotero de la vida, que se refugia en la marihuana como una fórmula para evadir la realidad asfixiante en aquel pueblo costero donde pareciera que la presencia del mar hace más notoria la soledad que lo embarga. En el inicio de la segunda secuencia el autor nos presenta a este personaje como un ser con fuertes problemas de indefinición:

GILBERTO: Quién sabe qué loquera, no sé qué me pasa, me dan ganas de una cosa y luego me dan ganas de otra distinta y cambio; soy como antisocial y a veces me divierte estar entre la gente, qué loquera, ¿no? Si yo estuviera allí estudiando y en ese momento ella llegara y me dijera ¿qué ondas? ¿Vamos a una fiesta? Pues a lo mejor sí iba, “sobres”, o a lo mejor le diría que estoy muy clavado con el libro. Lo que me caga es la idea de que porque es compromiso hay que ir a güevo […] A mí no me gusta hacer cosas por obligación, nada; me gusta la libertad de obrar en todo.

ANGÉLICA: (Al público) No creo poder tener una idea clara de él, ¿qué puedo decir? No era puntual, no era constante, a veces era muy gentil, me encantaba su sonrisa, sé que amaba a Isabelle porque él mismo me lo dijo […] Recuerdo que hace muchos años una vez que tomábamos juntos el café me dijo que él no sabía querer sabiamente, que amaba con enfermedad, como que perdía la salud cuando se enamoraba.

GILBERTO: (A angélica) ¿Eso es la pasión, no?

ANGÉLICA:  Pues… supongo que… sí.

GILBERTO: y ¿es mala?

ANGÉLICA: (Despreocupada) ¡Ay, mira, no sé! Dicen que todos los excesos son malos; eso dicen los adultos, pero ni tú ni yo confiamos en ellos.

GILBERTO: ¿En los excesos o en los adultos?

ANGÉLICA: (Riéndose) ¡Pendejo! (Como recalcando) En los adultos.

GILBERTO: (Apagado) Los padres de la mierda.

ANGÉLICA: ´i.

GILBERTO: ¿Qué rollo! ¡qué pendejada! Todo está contaminado. ¿Te has puesto a pensar qué mundo nos espera? La atmósfera, la naturaleza, el mar; aquellas olas que revientan allá, mira; ya no están limpias. Yo me he plantado en el reventadero y hay espuma blanca y salada, arena, pescados muertos, aguamalas, pedazos de concha, mierda y luz ¡Qué pedo! (Pausa) ni yo mismo me entiendo. (Pausa) Eso es la pasión ¿no? (…).

Isabelle: Es el segundo personaje en importancia. Es el ente desencadenante de todo el conflicto. Desde el principio de la obra nos la encontramos como una mujer con una visión formada de la vida, nacida en París, refleja los gustos refinados del medio en el cual se formó. Gusto, buen gusto, por los grandes maestros del arte. En la casa que habita tiene libros sobre pintura, esencialmente de pintores franceses: Braque, Gris, Matisse, Modigliani, Renoir, Rousseau, Toulouse, Degas. De igual manera se destaca su gusto por la buena música: ópera, Bellini, Verdi, Mozart, Wagner, Pucini. Ahora tiene unos cuarenta años de edad y es profesora en un colegio del lugar. Es igualmente una mujer en constante búsqueda de la felicidad. Tiene pruebas y fracasos, casada, divorciada, un amigo íntimo y otro, y tal vez otro. Fracasos amorosos, pero la búsqueda continúa con esperanzas.

Laura: Es la chica que atiende la cafetería donde el autor ubica todo el relato. Una jovencita como cualquier otra, con escasa formación académica, pero con esa viveza pícara de los seres que necesitan la astucia para sobrevivir. Es el personaje que se asoma, ve y toma parte en los acontecimientos. Por otro lado es el personaje en el cual el autor pone los parlamentos felices o graciosos para equilibrar la atmósfera. De hecho este personaje aparece por primera vez en la secuencia cuarta y ya ahí queda definido:

LAURA: (Al público) Yo no sé nada, nunca me fijo en los clientes; casi me corren por eso, bueno, ya me han corrido unas ocho veces, pero con la miseria de sueldo que me pagan nadie quiere trabajar y me vuelven a llamar. “Ay, Laura, espero que ya haigas agarrado un poco más de sentido”, me dice doñita y me trae a trabajar otra vez. Aquí lo que viene al café es puro mazatleco pobre, estudiantes y artistas, ah, eso sí, muchos artistas de tiatro, escritores, pintores; allí conocí a Carmen Alicia, a Rosa María a la Camacho, a Hiram y a la Pierachini, a López Sáenz, conocí también a los marqueses de las olas altas y al mago de conejitos. Por aquí nunca se para un gringo ni siquiera para preguntar dónde está la playa para decirle “enfrente, bruto”. ¡Ay! de todas maneras los gringos que vienen a Mazatlán son puros patanes y los meseros los endiosan, yo no, que “washagare, que washa washa”, a mí hábleme en cristiano les digo y me quito. Los dueños me dicen que me llevo en la chacota con los clientes y que muchos se me van sin pagar y ahora que me cobran a mí las cuentas menos me alcanza lo que gano. “Ay, Laura que limpia, sacude, barre, ferea, corre, sirve, vuela” y ahí me traen todo el día, con el perdón de ustedes, para arriba y para abajo como calzón de puta. Ay, no, yo no sé nada, nunca me fijo en las pláticas; me cuentan un chiste y luego que lo quiero contar nomás me acuerdo de la risa que me dio […]

Angélica: Es el cuarto personaje de la historia. Testigo de los acontecimientos. Amiga entrañable de Gilberto, compañera de estudios, confidente, camarada. Sabe muchas cosas que dirá para echar luz sobre el misterio de la muerte de Gilberto. Estuvo a su lado en el curso de esta relación enfermiza entre los protagonistas:

ANGÉLICA: (Al público) Se conocían desde hacía cinco meses y al mes Gilberto se fue a vivir con Isabelle. Ella le tenía prohibido que llevara a nadie a la casa, a nadie. Una vez yo fui porque él le había comprado a Isabelle una bicicleta para que anduviera en la playa y un día antes de su cumpleaños conseguí un carro para llevar la dichosa bicicleta y ella nos encontró en la casa, ¡Qué pedo se armó! ¡Puta, qué pedo! (…)

El relato se nos presenta en una estructura quebrada, fractual, donde las situaciones van y vienen sin menoscabo del tiempo.

Toda la obra está desarrollada en quince momentos, secuencias. El manejo del tiempo luce un tanto caprichoso, pues la historia se nos despedaza en pequeños sucesos que van configurando la trama a medida de que avanzamos en ese ir y venir de las situaciones.

Secuencia 1. Gilberto e Isabelle, se disgustan. A ella n le gusta que le muerda los labios y él quiere hacerlo. Se comienza a vislumbrar un conflicto a causa de la brecha generacional entre ambos, En dos de sus nueve parlamentos Isabelle le recrimina su falta de madurez: “¡Ya! no seas niño, Gilberto; eres un hombre maduro. Ven” y más adelante: “… Habíamos acordado que ese tipo de niñerías estaban superadas”.

Secuencia 2. Gilberto le cuenta a su amiga Angélica el disgusto que ha tenido con Isabelle y su decisión de irse de su lado. Aquí el autor, no solo pone en evidencia el carácter voluble de Gilberto, su frustración y su posición de insatisfacción hacia la actitud de los adultos, de los padres: “Los padres de la mierda”, sino que nos muestra desde ya el eje de la trama. Nos anticipa que a continuación viene un crimen pasional y para ello se vale de Angélica que, rompiendo la cuarta pared, y a pesar de que los estamos viendo juntos en la misma acción, se refiere a él en pretérito, como si ya no existiera, como si ambos personajes se encontraran en tiempos diferentes. Dice Angélica al público: “… Después de lo que pasó me molesta hablar de ellos, no, no me molesta; me angustia, me… no sé, me horroriza esta especie de crímenes pasionales, no deja nada sano a los que quedamos envueltos…”.

¿Después de lo que pasó? Y qué fue lo que pasó, se pregunta el espectador. Ah, un crimen pasional, recibe inmediatamente como respuesta.

Esta muerte anunciada, lejos de tumbarnos la emoción por la curiosidad descubierta, nos la incentiva y queremos ir más allá, conocer los detalles del crimen y saber.

Secuencia 3. Nos lleva a un momento anterior, al inicio de la relación. Pero aquí ya se nota la incomprensión: ella dice algunos parlamentos en francés y él responde, como en burla “Qui”. “- !Oh, merde Quel idiot!”- dice ella fastidiada y se va del parque. Igualmente en esta secuencia el autor nos pone en evidencia el cuento de los pájaros negros que vienen del mar y que a lo largo de la obra será un signo del desequilibrio mental de Gilberto.

Secuencia 4. Isabelle va a la cafetería con la esperanza de encontrar a Gilberto. Laura, ratifica al público la presencia de la muerte: “…a mí no me gustaría que un día anduvieran investigando mi vida. ¡Ay! Pero si me manto con otro a la mejor sí ¿no? ¡Ay, no!”.

Secuencia 5. Isabelle y Gilberto, luego, Angélica. Se hace presente e problema de la incomunicación, ahora en presencia de Angélica la cual más tarde declarará con conocimiento de casa. Isabelle habla en francés y ellos en español, montando sus palabras sobre las de ella. Una vez que Angélica hace mutis, Isabelle se expresa en español para el reclamo: “…me pediste que dejara el cigarro porque tú no lo habías dejado y no querías tener la tentación; lo dejé y tú has vuelto a fumar y yo no lo he hecho, porque tú me lo pediste. En cambio yo te he pedido que no fumes mariguana y sé que lo haces. Te he pedido que no traigas gente a la casa y hoy vengo y me encuentro con esa imbécil que trajiste”.

Secuencia 6. Sirve al autor para referir el sentido de verdad cuando se sopesa en la balanza de los intereses. En un agradable juego donde Angélica le “traduce” al público lo dicho por Gilberto, notamos que nos dice solamente lo que ella cree conveniente decirnos. Es así como en algún momento cuando Gilberto se expresa políticamente en contra de instituciones y a favor de un cambio político radical, ella nos informa algo totalmente diferente:

GILBERTO: (A Angélica) Me agüita tanta pinche miseria, no es justo que algunos no tengan para comer y otros traguen y traguen.

ANGÉLICA: (Al público) Él hablaba de que todos teníamos derecho de comer.

GILBERTO: (A Angélica) Me jode este gobierno de caca, es desquiciante vivir entre tanta violencia; esta es la época más negra de nuestra historia: siempre se obra fuera de la ley, nos gobiernan los bandidos y hacen justicia los criminales.

ANGÉLICA: (Al público) Le gustaba mucho el estado de Sinaloa, decía que El Fuerte, Cosalá y El Rosario eran ciudades muy bonitas. Y le encantaba toda la costa, todo lo que oliera a mar, a playa.

Secuencia 7. La incomprensión nuevamente expresada en la forma como hablan distintos idiomas, ella, en francés; él, en español. Esta secuencia redondea ya, definitivamente, esa diferencia existente entre ambos, esa muralla que los separa. Hay una relación de alteraciones constantes, de agresiones verbales. De dolor. De rabia contenida, de burla, y finalmente de odio.

GILBERTO: Pensé que tú te estarías divirtiendo en la fiesta entre todos esos hombres que te conocen y que se sienten muy bien hablando contigo en extrañas claves, de lugares que no conozco, y de cosas que hiciste con ellos en algún tiempo atrás. […] Quizá algún día conozca todo eso, pero ahora estoy muy joven y ya sé que ustedes han vivido mucho y …

ISABELLE: (Terriblemente irritada) Primero me dijiste puta y ahora me estás diciendo vieja, pues sí, si quieres soy una vieja puta y tú eres un niño pendejo.

GILBERTO: ¡Por fin qué bueno que hablas un poco de español para que podamos entendernos!

ISABELLE: ¡Es que de todas maneras no nos entendemos! Qué caso tiene que yo me esfuerce hablando una lengua que no me pertenece si de cualquier manera tú haces lo que quieres y te vas por tu lado con esos pájaros negros que no existen. […] Pero tienes razón, no voy a importarte más en las fiestas de mis amigos, ya no harás más el ridículo, porque de verdad que hacías el ridículo ¡y en qué forma! […]

GILBERTO: Tú también te has contaminado, te has vuelto igual de irónica y de amargada que ellos.

ISABELLE: ¡Qué sabes tú, pedazo de mierda, lo que a mí me pasa por dentro! […] ¡Lárgate de mi casa, lárgate para siempre, maldito, y ojalá te mueras!

Secuencia 8. Laura y Angélica, en el autobús, nos ponen en antecedentes acerca del crimen y de lo que han dicho a la policía.

Secuencia 9. Nos retrotrae a una escena entre Gilberto y Angélica. Nos plantea su inconformidad, sus dudas, su incertidumbre, sus deseos de abandonar los estudios, y finalmente su idea de la muerte como liberación: “Creo que ya no queda lugar para mí en el mundo, un día de estos voy a suicidarme”.

Secuencia 10. Escena en la cafetería con Isabelle, Gilberto y Laura. Sirve para retardar la acción y generar suspenso, Isabelle le regala su collar a Laura y en algún momento dice: “…hay que saber que todo tiene un fin, todo se acaba”.

Al final de la secuencia se rompen nuevamente los tiempos y Laura le dice al público:

“Cuando supe que se habían matado no me sorprendió…”.

Secuencia 11. En siete parlamentos entre Angélica y Laura el autor nos representa a una Angélica desesperada por la muerte de Gilberto.

Secuencia 12. Aparecen los pájaros negros como señal premonitoria de muerte. Último reencuentro de Gilberto e Isabelle. Nuevo pleito. El último. La última ofensa, la ruptura definitiva.

ISABELLE: Mira Gilberto, ya me has hecho ir otras muchas veces y nunca hemos visto nada, yo he pasado otras tantas sola y jamás he visto un solo pájaro en este árbol. Yo lo he entendido todo como un invento tuyo a partir de la mariguana.

GILBERTO: […] Piensas igual que mi mamá.

ISABELLE: (Irritada) No pienso igual que tu mamá, ya te lo he dicho hasta el cansancio y no continúes agrediéndome con eso de tu mamá porque ya estoy harta.

GILBERTO […] Yo necesito convivir con gente de mi edad, gente que todavía tenga vida y que no sea tan aguada.

Secuencia 13. El autor llega al paroxismo. Isabelle, notoriamente loca después de haber visto los pájaros negros, le cuenta a Angélica que ha dado muerte a Gilberto.

ISABELLE: Anoche fuimos Gilberto y yo a una fiesta que se ofrecía a un maestro y yo tenía que hacer una crítica a uno de los nuevos libros de pedagogía conductista; y mientras yo hablaba él se fue con unas niñas al jardín y se perdió por allá entre las ramas de las azaleas, y no sé qué hacían, pero de vez en cuando oía sus estentóreas carcajadas y yo tenía que hablar, tenía, quizá que decir cosas interesantes y no pensaba, lo imaginaba con sus ojos infectados por la mariguana; sentía que yo hacía el peor de los ridículos, todos estaban atentos, pero yo no estaba presente, estaba allá, espiándolo entre las azaleas, sudaba, odiaba a todos, quería correr a matarlo; ha echado a perder mi tranquilidad, mi frescura, mi vida. La fiesta fue una pesadilla. Regresamos. Gilberto hablaba y hablaba y yo solo escuchaba el “rick, rick, rick”, insistente de los pájaros. Durmió narcotizado: le clavé una aguja larga aquí (en el corazón) para que no ande riéndose entre las azaleas. Lo hice apenas. Vamos a casa para que lo veas.

Secuencia 14. Asistimos al desenlace en la cafetería, en una escena entre Angélica y Laura, esta le dice al público: “Yo de todo esto sé muchas cosas, pero a la policía nunca dije nada que no fueran inventos y babosadas. Fue Angélica quien mató a Isabelle, me lo ha dicho de mil maneras oscuras y claras. […] A la policía no le dije nada, en este país no hay una idea clara de la justicia, actualmente vivimos en el peor de los desórdenes…”.

Secuencia 15. Despedida poética, de orden visual.

Podemos concluir señalando que el tema recurrente es la muerte presentada como una fuerza fatal que ya había sido anunciada en derredor de unos amores imposibles de dos personajes diametralmente opuestos el uno al otro.

Gilberto es un joven que se pasea entre la cordura y la locura, y a lo largo de su existencia nos muestra sus rasgos de inestabilidad e indiferencia. Es un personaje que no vislumbra ningún cambio a través de la acción, tal como lo conocimos lo vimos desaparecer. Isabelle, en cambio, nos hace asistir a una metamorfosis sorprendente. Está sola con el recuerdo de sus aventuras pasadas, enfrentada al tiempo inexorable, lejos de su patria, de su familia, sola aun cuando Gilberto está presente. Cuando perdona lo hace para aferrarse al amor como un bálsamo. Irá cambiando a través de las diferentes situaciones hasta llegar a traspasar de un solo salto la barrera que separa la cordura para caer en el mismo terreno de Gilberto. Hecho que el autor nos presenta simbólicamente a través de los pájaros negros. La mujer equilibrada que nunca había visto esos pájaros porque estaba consciente de que pertenecían a las imágenes delirantes de Gilberto, ahora los ve y escucha con su crik crik que llaman a la muerte. A la sensación del dolor de vivir.

Igualmente se observa con marcada intención el elemento gracioso para contrarrestar el panorama oscuro de la tristeza. En algunos parlamentos encontramos el sentido picaresco cargado de una buena dosis de ironía apoyada en el habla local, y es precisamente el personaje de Laura el elegido para aclarar las cosas y descubrimos la verdad histriónica.

Vemos aquí, entonces, el tema de la muerte y del amor, donde es la misma historia de los personajes lo que reproduce el hecho trágico, es el destino el que influye, es decir, una fuerza superior a Isabelle que la lleva a decidir la muerte de Gilberto por la imposibilidad de soportar las vicisitudes de la vejez, de la soledad, del desprecio, de la burla.

Por información de Laura conocemos que la muere de Isabelle viene por manos de Angélica en su propósito de vengar a su amigo, pero es fácil llegar a pensar que de no haber sido de esa manera, ella misma hubiese puesto fin a sus días, porque la muerte en ese caso no es otra cosa, sino la liberación del dolor de vivir.

Finalmente se puede decir que el título no parece ser sacado del texto una vez concluida la obra, sino un elemento que estuvo presente en el imaginario del autor moviendo la definición de la trama.

Ensayo publicado en la revista Contexto odontológico de la Universidad Autónoma de Zacatecas; edición disponible en el siguiente enlace:
https://revistas.uaz.edu.mx/index.php/contextoodontologico/article/view/296